Aníbal cruzando los Alpes – Hannibal crossing the Alps

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La escena representa a Aníbal dirigiendo personalmente el paso de sus elefantes a través de los estrechos senderos transitables de los Alpes.

A diferencia de los elefantes africanos de la sabana (Loxodonta africana) o indios (Elephas maximus) los cartagineses utilizaron el elefante del norte del continente africano, conocido como Loxodonta africana pharaoensis, hoy extinto. Este elefante medía unos dos o dos metros y medio hasta la cruz y eran por tanto mucho menores que los elefantes indios o que sus parientes de la sabana. Por esta razón, los elefantes cartagineses no transportaban hombres armados, sino que tan sólo llevaban un guía, llamado cornaca, de procedencia generalmente númida. El cornaca se sentaba sobre el cuello del elefante y desde ahí lo controlaba con una vara terminada en gancho, así como mediante los pies y la voz.

Tras el enfrentamiento en Sicilia en calidad de aliados romanos contra Pirro de Épiro, Cartago empezó a nutrirse de elefantes. Como el mantenimiento de una manada, incluyendo las crías no aptas para la guerra, era demasiado costoso, pasaron a cazar sus elefantes en las regiones del Atlas, después los domaban y los entrenaban para la guerra siguiendo una criterio de selección muy riguroso. Los cartagineses utilizaron por primera vez el elefante como arma de guerra en el año 262 a.C. en la batalla de Agrigento. Su principal función consistía en cargar con fuerza y arremeter contra las líneas enemigas y dependiendo de la batalla podían ser colocados en el centro para desordenar las filas de infantería enemiga –como ocurrió en Bagradas (255 a.C.), o en Zama (202 a.C.)–, o incluso en las alas para luchar contra la caballería –como en la batalla de Trebia (218 a.C.)–. En este último caso, si la caballería enemiga no estaba bien entrenada y no había sido acostumbrada al olor de los paquidermos, los caballos se resistían a luchar. Tras el caos causado por la carga de elefantes en las filas enemigas, entraban en combate la infantería y la caballería, respectivamente. Los elefantes constituían un arma por sí mismos y los soldados enemigos solían perecer pisoteados bajo las patas de los animales, por los golpes y heridas de los enormes colmillos o tras ser levantados con la poderosa trompa y arrojados después al suelo. A diferencia de en los reinos helenísticos, los elefantes cartagineses carecían por completo de protección. No obstante, su piel era muy gruesa, de unos 2,5 cm de espesor, lo que hacía que fuesen muy resistentes a las armas enemigas.

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Dibujo de Mariusz Kozik

En muchas ocasiones, los elefantes resultaban ser un arma de doble filo, puesto que al ser heridos o morir su jinete podían volverse incontrolables y cargar contra sus propias filas. Por ello, Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal, dotó a los cornacas de un martillo y un cincel con los que matar a los elefantes, atravesando su cerviz, en caso de estampida

También se ha documentado que los cartagineses, inicialmente, compraron a los ptolomeos elefantes indios junto a los mahouts que los adiestraban, pero su elevado coste y la posibilidad de capturar de elefantes africanos hizo que pronto se decantaran por estos últimos. Además de esto, las fuentes dan cuenta de las complicaciones que representaban el mantenimiento y el desplazamiento de los elefantes en campaña. Polibio relata las dificultades que tuvo el ejército de Aníbal para conseguir que sus elefantes atravesaran el Ródano, para los cuales hubo que construir un puente con barcas y balsas. Sin embargo, al hundirse la construcción bajo el peso de los animales, estos cayeron al agua y acabaron atravesando el río respirando con ayuda de su trompa (Polibio, libro 3, 46)

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Dibujo de Peter Connolly

Al cruzar los Alpes, Aníbal sólo pudo contar con los elefantes supervivientes tras la Batalla del Trebia (218 a. C.), dado que la mayoría murieron en el transcurso del crudo invierno del año 218-217 a. C.

Mucho antes, durante la Batalla de Adís, Polibio relata que Cartago “tenía puestas sus principales esperanzas en la caballería y los elefantes” (Libro 1, 30:8). Lo cierto es que este hecho resultó ser una constante durante las dos primeras guerras entre Roma y Cartago.

anibal-cruzando-los-alpes-2Dibujo de Giuseppe Rava

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The scene shows Hannibal himself commanding his war elephants during the crossing of the narrow paths of the Alps.

Much smaller than both their African relatives of the savanna (Loxodonta africana) and the different Asian species (Elephas maximus), the today extinct Loxodonta africana pharaoensis was the elephant used by the Carthaginian army. The size of Hannibal’s elephants was around 2–2.5 metres (6’7” – 8’2”) high at the withers, and as a result they did not carry armed men but a rider known as a cornac. Cornacs used to be Numidians and guided the elephants sitting on top of their necks by means of a wooden stick with a hook together with their legs and voice.

After the battle against Pyrrhus of Epirus in Sicily as Roman allies, Carthage began using war elephants. Since upkeeping a herd was costly, which included feeding offspring not ready for battle yet, they started capturing elephants in the Atlas region. The captive animals were later tamed and selected for battle training according to very strict criteria. War elephants were used by Carthaginians as early as 262 BC in the battle of Agrigento and were usually made to charge against the enemy lines. Depending on the specific battle they were positioned either at the centre so as to break up the infantry lines –as in Bagradas in 255 BC or Zama in 202 BC– or at the wings to face the enemy’s cavalry –as happened in the battle of Trebia in 218 BC–. Trebia showed how in certain occasions the horses that had not been sufficiently trained and made familiar with the smell of the elephants resisted getting into battle. Thus, once the elephants had caused havoc among the enemy, it was the turn for the Carthaginian infantry and cavalry, respectively, to get into action.

Elephants were a weapon in themselves and enemy soldiers usually died trampled under their heavy weight. In other cases enemy soldiers were lifted up by the trunks of the animals and smashed against the ground or were deadly wounded by their tusks. Differently from the Hellenistic kingdoms, the Carthaginian elephants were not armoured. However, their thick skin –around 2.5 cm, almost one inch– often acted as a natural protection against the weapons of the enemy.

Elephants sometimes proved to be a double-edged sword, since after being wounded or after having lost their rider, they could get out of control and run wild among their own lines. For that reason, Hasdrubal Barca –Hannibal’s brother– provided his cornacs with a small hammer and a spike to sacrifice the animals by driving the spike into the nape of their necks if they sensed a stampede as an impending danger.

Curiously enough, according to the records, Carthaginians initially bought elephants, along the Indian cornacs who tamed them, from Ptolemaic kings. However, the high price together with the much easier possibility of getting hold of the elephants in northern Africa made them turn their efforts to capture the animals instead.

Additionally, the historical sources report how difficult and costly the upkeep of the animals and their displacement in campaign were. Polybius tells the problems of Hannibal’s army to make their elephants cross the Rhone. Carthaginians had to build a bridge of rafts for the herd to cross, but it finally gave in under the weight of the heavy animals, and the elephants ended up making their own way to the opposite bank using their trunks as snorkels. (Polybius, Book 3, 46).

While crossing the Alps, Hannibal could only count on the elephants that had survived after the battle of Trebia (218 BC) because most of them had died in the cold winter of 218–217 BC.

Much earlier, during the battle of Adys (255 BC), Polybius stated that Carthaginians’s “best hope lay in their cavalry and elephants” (Book 1, 30:8), a fact which also proved decisive throughout the first two wars between Rome and Carthage.

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